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Historia del Centro | Armenteros Hoy | El Futuro Adorno

EL ENTORNO

Armenteros es una población que a principios de siglo superaba los 1.500 habitantes, en el año 50 rondaba los 1.000 y hoy no alcanza los 500.

Está formado por cuatro núcleos de población y dos dehesas. Se le conoce con el sobrenombre de “El Concejo”, dada su asimilación con los pueblos de la montaña Asturiana; y está enclavado en el límite entre Avila y Salamanca, en las últimas estribaciones de Gredos, donde el abandono se hace patente, con carencia de las necesidades básicas (agua, luz, pavimentación, etc.), cuyos caminos (decir aquí carreteras es un eufemismo imperdonable) evidencian el hecho.

EL PROBLEMA

Armenteros es y ha sido casi siempre una zona de emigración. El topónimo  Armenta = rebaño delata el origen romano, y la calidad de su Iglesia evidencia una época de prosperidad en el siglo XVII. Fue arrasado en las guerras de Sucesión (1700) y de La Independencia (1908-1912). Por allí cruzaba un cordel que enlazaba los dos grandes caminos reales que unían Castilla con Extremadura por los puertos de Tornavacas y Béjar, el primero llegaba de Segovia y Avila y el segundo de León, Medina del Campo y Salamanca.

Los políticos no se acordaron de estas gentes más que en épocas de guerra y hoy a la hora de elecciones, condenando la zona a la desertización como única salida.

EL HOMBRE.

Un cura, como siempre (por mucho que ataquemos a la Iglesia), comprendió que aquellas gentes no podían emigrar sin la menor preparación. Era condenarles de antemano a los puestos más humillantes en su nuevo asentamiento.

ARMENTEROS HOY.

El Colegio aparece como algo colosal, inesperado y atípico. Es una gran urbanización, como un oasis donde se conjugan jardines, asfalto y arboleda en un marco de unas 18 hectáreas, algo sorprendente en un mundo de miseria. Todo ello dedicado a la enseñanza, con un internado de más de 1.000 alumnos.

EL CAMINO.

Es un proceso largo e imprevisto. Se ha avanzado conjugando posibilidades, dificultades, inconvenientes e intuiciones, donde el norte siempre fue claro, todo lo demás difícil.

En este proceso vamos a distinguir tres etapas:

1.- Academia libre.
2.- Filial.
3.- Lucha por la supervivencia

1.- ACADEMIA LIBRE.

Se trabajaba con los jóvenes, de noche, después de las horas de trabajo, buscando una colocación (correos, policía, Guardia Civil, empleados de autobuses, de calefacciones, etc.).

Los inconvenientes eran grandes, los chicos habían olvidado lo que habían aprendido en la escuela, se encontraban condicionados por las situaciones anímicas propias de la juventud, donde influía el amigo, la novia, etc., y el tiempo era muy escaso, ya que durante el día trabajaban y las horas de la noche y el cansancio no nos permitía muchos éxitos.

Los resultados, si eran positivos, se debían a que el chico era listo, y, si eran negativos, el chico seguía en el pueblo y en lugar de captar un amigo nos encontrábamos con una persona herida que nos culpaba de su fracaso, porque, según él,  no le habíamos recomendado como a otros.

Ello determinó un cambio, había que empezar a trabajar con los chicos desde los 10 años, prepararles para el Bachillerato y presentarles a los exámenes libres en junio y septiembre.

Los resultados fueron buenos y poco a poco se fue estructurando un pequeño Centro, donde colaboraban los maestros, estudiantes de Salamanca que no habían acabado la carrera y un par de sacerdotes que cuidaban el internado, ubicando a los chicos en casas vacías del pueblo.

Aquí ya surgen los enemigos serios.

  1. En aquel entonces cualquier chico de una aldea que quería estudiar, estaba condicionado por una vocación, aparecían unos frailes que se los llevaban, no les cobraban nada y desacreditaban al cura osado que sin medios y en un ambiente de pobreza total les quitaba vocaciones.
  2. Como los chicos, más o menos, iban superando el curso, se había acabado el obrero barato que alimentaba el número de peticionarios para trabajar en las dehesas, y eso no era tolerable.

Estábamos en la década de los 50.

2.- FILIAL

En el año 58 el Centro contaba con 200 alumnos, y hasta aquí llegó el entonces Director General de Enseñanzas Medias, D. Lorenzo Vilas López. Su política era muy simple: había que ver mucho y oír poco, si se quería conocer la realidad del país.

De Armenteros se llevó una conclusión clara: todo el campesinado español, diseminado en aldeas, no tenía acceso a la Enseñanza Media. La enseñanza pública sólo llegaba a las ciudades, lo que quería decir que más de la mitad de la población estaba condicionada o a ponerse un escapulario  o a renunciar a una formación media.

La solución de Armenteros era muy simple: en el campo había maestros, médicos, farmacéuticos, sacerdotes, secretarios, etc., pequeños intelectuales que quemaban sus tardes jugando en la cantina del pueblo, y que era un potencial humano más que suficiente para, organizado en zonas, no sólo cubrir los objetivos de su misión sino  preparar a la población rural para que les permitiese acceder a nuevos puestos de  trabajo en la sociedad.

Surgen así en las Aldeas los Colegios Libres Adoptados, y en los suburbios urbanos las Filiales, con el afán de extender la Enseñanza Media a todos; y con el sobrenombre de “Entidades Colaboradoras” quienes  colaboran con el Estado en la tarea.

3.- LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA.

Ley General del año 70. Ya hay dinero y el Estado lo gasta sólo en la enseñanza pública, y se carga, “de un plumazo”, a las filiales.

A Armenteros se le rodea de Institutos (Béjar, Guijuelo, Alba de Tormes, Peñaranda de Bracamonte, Piedrahita, Barco de Avila) todos ellos en un entorno entre 30 y 50 kilómetros; más aún, las becas sólo se daban para los institutos, nunca para Armenteros.

¿Cómo subsistir?

La providencia por una parte, y la habilidad por otra, dieron como resultado una solución inesperada.

Entonces muchos españoles trabajaban en el extranjero, la conexión con los grupos de emigrantes de Suiza, Holanda, Alemania, Francia, etc., dio como resultado un nuevo grupo de alumnos de Armenteros, ya no tenía el Centro sólo alumnos de la zona, Armenteros adquiere un carácter nacional,  hay niños de todas partes. El secreto: un internado barato y permanente, algo que no podían ofrecer los institutos de la zona.

El Colegio crece más y más, se llega a los 500 alumnos.

Desde los Organismos Públicos hay un afán de cerrar Armenteros, lo ven como algo anormal, atípico, insostenible, totalmente artificial y no se le quiere homologar. No queda otra alternativa que hacer un nuevo edificio acomodándose a todas las prescripciones de la Ley General de Educación o cerrar.

Parece imposible pero la obra se inicia y se concluye, y el Centro se homologa, y, sin querer, se duplica.

CIRCUNSTANCIA INESPERADA

Al ocurrir la catástrofe (murió mucha gente) de los Angeles de San Rafael en Segovia, se hizo una revisión en toda España de todos los Centros de internos que tenían el Servicio de Reaseguro de Accidentes de Trabajo, y, al cerrar algunos por tener estructuras anticuadas, se obligó a Armenteros a recibir, primero 150 alum­nos y después hasta 700, hijos de accidentados de trabajo o de mineros retirados por silicosis.

El ser las pensiones de Armenteros las más reducidas de España, el nivel de enseñanza muy aceptable, estar en las estri­baciones de Gredos y ser un clima muy apropiado para las enferme­dades de pulmón, determinó la concentración de infinidad de chicos de las zonas mineras, tanto de Asturias como de León, en este Centro.

AÑOS DIFÍCILES.

A raíz de la instauración de la democracia, y ante las crisis que después del Concilio se sucedieron en la Iglesia, Armenteros tuvo problemas internos suscitados por quienes veían en este Centro un caldo de cultivo apto para cualquier tipo de experien­cia política de las que, en aquel entonces, estaban de moda.

Ello venía a confirmar que nunca los enemigos exógenos son los más peligrosos, los males mayores surgen desde dentro.

En aquel momento todo lo nuevo era mejor, el camino era siempre cambiar, improvisar y el enemigo a batir resultaba ser siempre las personas que con equilibrio y tesón intentaban mantener todo aquello que se creía válido.

Esto provocó una lucha grave, donde el Obispado, de quien dependía el Centro, alentó a los contestatarios, y, lógicamente, arrastró tras de sí gran número de profesores, provocando hasta siete interpelaciones al mismo Parlamento de los Diputados. Los ataques en la prensa eran diarios, pero el Centro se mantuvo, es más creció, y el resultado de las interpelaciones no sólo no fue negativo, sino que dejó como incuestionables dos hechos:

  1. Que nunca el Obispado se había gastado un duro en Armenteros.
  2. Que tampoco el Centro había recibido jamás subvención del Estado, salvo el pago del profesorado que recibía cualquier filial.

Era natural que se intentase hacer de Armenteros un Centro de subversión, ya que  el alumnado procedía de capas humildes y resultaba fácil de manipular, pero también resultaba evidente que el riesgo era grande y que los más perjudicados eran aquellos chicos que tenían que prepararse, ya que el camino era el estudio, no la política.

Al final:

  1. Armenteros se amplió, creando, además de lo existente, un nuevo     Centro de Formación Profesional.
  2. Como (tremendo contrasentido) se atacaba su mala imagen, su miseria, su escasez de medios, etc.; el Centro se adecentó, se crearon jardines, se buscó agua  - más de 100 sondeos -, y surgió un Colegio hermoso, enmarcado con amplias zonas verdes. Algo impensable que contrasta con la filosofía del promotor.

NUEVA SITUACION.

En el año 80 se suprime el Servicio de Reaseguro, y sus bienes y responsabilidades pasan a la Seguridad Social. En el año 82 ganan las elecciones los socialistas, y suprimen las becas a los 7.000 huérfanos acogidos, con lo que de hecho se cierran todos los Centros, más o menos religiosos, donde estos chicos estaban internos. Todos menos Armenteros, que se dedica a dar becas por su cuenta en lugar del Estado, y a buscar el dinero por otra parte para mantener a dichos niños.

Esta situación es angustiosa, difícil y no podía ser muy duradera, ya que el Centro no tenía medios, pero por Armenteros habían pasado ya muchos alumnos, y con ayudas de unos y de otros se lograba sobrevivir.

FUNDACIÓN ARMENTEROS.

Es un intento serio por afrontar los problemas tal y como estaban planteados en ese momento, año 1.984.

  1. Dar continuidad  y seguridad al Centro desligándolo del Obispado de Salamanca, que por los motivos que fuera siempre fue más un riesgo que un apoyo.
  2. Dejar en claro una filosofía que se condensa en el objeto de la misma: “Promover la formación educativa, primordialmente de jóvenes y niños pertenecientes a zonas deprimidas por su emplazamiento geográfico o condicionamientos socio-económicos, o insertos en ambientes afectados por situaciones familiares socialmente difí­ciles”.
  3.  Arbitrar medios que ayuden a la realización de la idea.
  4. Tener siempre en las manos un organismo ágil que se acomodase a las circunstancias y que permitiese moverse con la rapidez que exigen los cambios sociales del momento.

Querámoslo o no partimos de un nuevo contexto:

  1. Han cambiado las familias.
  2. Hay un nuevo tipo de enseñanza en los Centro públicos.
  3. Hay un modo distinto de funcionar de los Centro religiosos.
  4. Se han suprimido definitivamente los internados, los que hay son carísimos y exigen la salida del Centro los fines de semana, que es lo mismo que prohibir la permanencia en ellos de los humildes.
  5. Sobre todo hay un hecho: la televisión y la calle que nos dan un nuevo chico.

Dentro de este clima Armenteros se propone:

  1. Potenciar el internado.
  2. Abaratar los costes.
  3. Intentar mantener al niño el mayor tiempo posible dentro del Centro intensificando las actividades extraescolares.
  4. Buscar, sobre todo, un Centro abierto, donde todos tengan cabida, independientemente de su condición, sexo, color, nacionalidad, religión, etc.
  5. Concienciar a los antiguos alumnos y profesores del Colegio de la obligación de mantenerlo en pie.

Una perspectiva de la composición del alumnado nos da una idea de lo que hoy es Armenteros.

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